lunes, 5 de octubre de 2020

Nauseas

Por la noche tu ausencia es tibia, 

me da náuseas,

jamás te has hecho presente. 


Ausencia específica, 

vieja amiga,

inmarcesible.


Te extraño, 

te pienso, 

te busco, 

no vienes...


Y una vez más, 

duermo sola, 

tibia y nauseabunda, 

duermo sola.

Reflexiones de ausencia y soledad

La noche y el roce de las sábanas sobre mi piel suelen traer consigo una sensación de total soledad. 

Resiento la ausencia de un desconocido, 
le extraño, 
le espero, 
me encojo, 
le siento sobre mí, 
escuetamente, 
tibiamente... 

¿A dónde te fuiste?
No has venido nunca.
¿Cómo te siento encima?
Nunca te he visto.

La tibieza de su ausencia es más triste que la nada,
algo tan intimo que se vuelve erótico.

Puedo abrirme más,

yo 
siempre 
puedo 
abrirme 
más.

Gardenias entumecidas ante la soledad de este cuarto,
alfombra de intermitentes encuentros furtivos,
frutos que adornan tus puertas rojas sabor derrota,

yo no voy a parar.



He's been awfully quiet lately

I used to have conversations with you on my mind, 
but you’ve been awfully quiet lately, 
I don’t know if I can’t listen to you anymore, 
or simply I have nothing else to tell you.

My life’s been drowned and swallowed, 
my legs are tired,
my arms are hurt, 
I’m walking for the sake of moving, 
but I haven’t got to any point.


Contigo es nunca

Ojalá todo,

y ojalá siempre,

y te vea constante,

y te vea consiente.


Pero no,

contigo es nunca,

contigo el presente, 

se va volando como cuervos por mi mente,

mi existencia y la tuya no deben ser, 

no quieres.


Ojalá todo,

y ojalá siempre,

y ojalá tus brazos, 

y ojalá el presente,

y esos tus ojos que me faltan tanto,

que me fallan tanto,

que me fallan siempre.

Te cuento que te pienso a diario

Te cuento que te pienso a diario,

aunque estoy consciente que tú estás ausente,

tu recuerdo se pasea,

por las esquinas de mi cuarto, 

te pienso en el lugar donde estuviste,

pero ya no más, 

mis tristezas se derraman,

sobre las sábanas de una cama,

donde tu dormiste, 

pero hoy me encuentro sola, 

como ya es usual.

A todos mis poemas les ponía tu nombre

Suelo pasar el tiempo,

en tu anaquel esperando,

y la vida me pasa,

y me voy marchitando.


Suelo pasar la vida, 

sobre tu cama pensando,

y tu no llegas, te escondes,

duermes en otro lado.


Suelo pasar los días,

tratando de no pensar,

que cuando te llamo, contestas,

pero realmente no estás.

San Antonio


La situación es compleja,

me lo dicen los libros,

Mario Jiménez confiesa,

que San Antonio es asfixio.


En San Antonio la vida,

se pasa de año en año,

porque ahí la poesía,

no encuentra su espacio.


Y no encuentra razones,

y no encuentra motivo,

el mar y los días,

son siempre los mismos.


Un mar que lo mese,

de la casa al trabajo,

donde duerme una extraña,

a quién se ató hace años.


Sus besos refugio,

donde decidió quedarse,

errores sabor a fresa,

donde no logra encontrarse.


Una extraña y caricias,

que se dan de a ratos,

que no son frecuentes, 

que no dejan rastro.


El amor del poema que Mario escribió,

no se parece nada a la extraña con la que ayer durmió,

el de ella es despacio y no tiene intención,

constantemente se pregunta, en qué se metió.


Mario escribió una carta, pero no la mandó,

pues no tenia remitente, no tenia dirección,

en realidad era para la conciencia de su yo menor,

y le pedía que escogiera la poesía, y no a Beatriz, por favor.

Espera

Ojalá estuvieras,

ojalá volvieras,

ojalá me vieras,

ojalá sintieras...


Pero no sientes nada,

no te siento tampoco,

no contestas y no llamas,

no me mirabas a los ojos.


Me esquivabas la mirada,

yo tocaba un ausente,

quién sabe a dónde te irías,

pero no estabas presente.

Written on the bus after the incident


People say love’s healing, 
but neither the warmth of my hugs, 
nor the softness of my words can cure him. 

If only he saw himself the way I do, 
if only he loved himself the way I do...  
And what can I do? 

Maybe my love is simply not good quality, 
because they say love’s healing, 
but he’s getting worse.

Lo que el era para mi

Eres una constante,

de te quedas y no estás,

ausencia de los días que no vivimos,

un recuerdo marmoleado,

de mi manos queriéndote tocar,

y tus ojos volteando hacia otra parte.


No sé si te elijo,

no sé si fingias somnoliencia,

no se si fingias soledad,

esta vez no.


Eres la brisa que me toca esta noche,

pero te me escapas a diario,

te siento a gotas,

el momento en que te pienso no es instante.


Eres memorias ansiosas,

de escapismo y soledad,

sentimientos furtivos, 

ojos taciturnos,

una primavera sin tejados, ni vino,

un balcón al que nadie va a cantar.


Se necesitan dos.

Carta de invierno

La ciudad ha cambiado tanto estos últimos meses, por algunos días, después de esperar - algún - tiempo, fue de colores tan suaves que me pregunto si todo de verdad sucedió. Un tiempo que huele a cierto perfume y postres hechos en casa, un desconocido que en realidad conocía de hace tiempo, y una situación que me hizo caminar las calles de una ciudad donde he vivido por veintidós años, cómo si fuera la primera vez. Y lo fue, entre muchos otros primeros encuentros y descubrimientos de aquellos días. Las primeras veces realmente nunca habían significado mucho para mí, supongo que porque a comparación de ti, siempre he estado en el mismo sitio, pasando por las mismas situaciones. Yo más bien tenía una fijación por el tiempo y qué tan rápido pasa. Aquel trágico descubrimiento empezó a aquejarme cuando mi amor de secundaria, que era un año mayor, comenzaba la preparatoria, mientras yo me quedaba dentro de las paredes del mismo colegio. Cada día contaba, porque sabía que la fecha llegaba y tenerle diario era un recurso que se me iba agotando. Me bebía su compañía gota por gota, mientras pensaba en la sed que me dejaría cuando no estuviera más. Se desvaneció, con el mismo tiempo, su presencia y su recuerdo, pero me dejó esta sensación de que las horas se me escapan de entre las manos, que la inhalación de este momento es algo que ya pasó. Contigo me aquejan ambas. Pero no te mortifiques, solo es la manera tan melodramática que tengo de vivir, en realidad me gusta, qué sentido habría si solo camino por el parque sin fascinarme con cómo pasa la luz por en medio de las hojas de los árboles, o sin detenerme en las miradas tristes o las sonrisas sinceras de aquellas personas que van por la calle y que no volveré a ver jamás. Tal vez solo adorno demasiado todo. El ajuar que llevo adornando, por algunos meses, es el pensamiento de las primera veces contigo, creo que te habrás dado cuenta que es un tema recurrente en las hojas que te escribo, y ya que a veces no te puedo ver, he agarrado esta mañana de hacerte cartas. Aunque sé que no tiene utilidad, con tu recuerdo y mis memorias, voy adornando el tiempo. A veces no sé dónde estamos, si en realidad esas cosas pasaron, o si tú y yo seamos tan interesantes como para escribir al respecto, tampoco me interesa mucho. En mi película lo somos y te he tomado como inspiración de este pensar tan atinado de que los recuerdos son más bien historias que nos contamos. Yo decido que la nuestra sea contada con palabras como sublime, etéreo, pero sobretodo, inmarcesible, cada vez. ¿No te parece fascínate y extraño como sentir hace a las personas crear? Yo solo paso un pensamiento a un conjunto de palabras, para un muchacho que hace poco conocí, de nuevo, pero hay gente que hace arte con eso... Como tú. A mi me gusta, escribirte, espero que te guste leerme, si no es así y un día te reconoces cansado de mis palabras, solo recibe mis cartas y sonríeme por favor, te prometo no me molesto si las guardas en el cajón. Si ese día llegara, piensa que son recuerdos que puedes tocar, son regalos para un tu del futuro, disculpa si en algún momento te hice creer que eran para el que eres hoy, ha sido todo un malentendido. Es para que así, el pueda tener un pedacito de tiempos que ya habrán de ser pasado. Ahora caigo en cuenta que mis cartas del 2013 eran para ti, que las puedes releer ahora. Me tienes guardada en ellas... ¿Te das cuenta? Me tiene guardada en las cosas que te escribo, así si un día llegarás a extrañarme, en realidad nunca te dejo, un pedacito de mi está siempre ahí cuando las lees. Ese pensamiento me gusta, que me comparto contigo, con el tu de hoy y de mañana... Sabes, a raíz de esto tal vez hoy haga las pases con aquellas palabras de amor desbordado que te dediqué hace algunos años y que ahora me parecen tan cursis, porque, ¿qué tan diferente pueden ser esas de las de ahora? Sigo esperando que mi yo del futuro no se encuentre con el mismo problema que yo, cuando leí lo que te había escrito hace seis años. Tienes en tus manos piezas de honestidad en su estado más puro, jamás podrías encontrar palabras más inocentes y llenas de amor como las que yo te escribo. ¿Qué se siente? Se que tú te has entregado a través de tus letras a los demás, bueno, este es el momento en que te escriben a ti.

Crónica de una despedida anunciada

Escritos de cuarentena para una musa escueta, insulsa y tibia.


Marzo


En las horas que yo te pienso y tú duermes, que tú sueñas y yo espero pacientemente como cada mes, por la promesa no hecha de poder recorrerte la cara a besos, una vez más, para después dejarte dormir… Yo no duermo, el momento en que te pienso no es instante, en silencio, te siento a un lado mío en la soledad de mi cama, me cobijo entre tu ausencia y el recuerdo que alguna vez, tú brazo me rodeó bajo la sabana, y tú respiración se volvió el ritmo de mi pecho, mi cabeza recargada en ti ha sido el lugar donde podría quedarme y dejarlo todo, y ahí vuelvo, por lo menos, por un momento cada noche.


Abril


Maldita sea a ti siempre se que escribirte, no ha sido difícil encontrar el por qué, estoy impregnada de ti, tu recuerdo en mi conciencia esta plagado de memorias y lugares, fotografías que conservo en mi cartera, mis recuerdos, tantos años de historias que me cuento antes de dormir. Impregnada mi conciencia de carreteras y destinos, despedidas y reencuentros, ciudades, monumentos, museos, memorabilia, tus manos tan grandes y pesadas que con las mías, al estar entrelazadas se vuelven ligeras finalmente, tus dedos me vienen a la mente, tu aroma, el nombre del perfume que siempre me recuerda tu perpetua ausencia, tu sonrisa agridulce que se asoma de vez en cuando, cuando si sonríes… Tu risa molesta, tus palabras cortantes, la ausencia de presencia tan contante en ti, porque aunque estas a un lado, siempre siento que te fuiste a otro lugar, tu conciencia que reprocha, tu pensar permanente, tu carácter mezquino, tu inestabilidad, tus ojos... La profundidad de tus ojos oscuros, las pestañas que los adornan, tus ojitos, como esperando algo, como buscando sin querer mirar, tu torso que siento cuando duermo a tu lado, cuando duermes me das firmeza y estabilidad, cuando despiertas, es otro asunto… El temblar tan tierno y particular de tu voz, un tono que no alcanza a explicar lo que busca o necesita, un grito que no se hace, una petición que se guarda, pero que ahí está, yo sé.


Mayo


Hay días en los que te extraño más que otros, hoy por ejemplo casi choco porque me quede mirando el parque donde paseamos aquel domingo.


Junio


El poeta siempre me habla a mi pero yo no le hablo a nadie, en mi boca nadie se encuentra, en mi escrito nadie se busca, entonces soy irrespetuosa con quien que me ve desde la esquina, a lo lejos, aquel otro que ha cantado que soy la estrella que alumbra su balcón, con derrochada miel a mi oído, se guarda la carta que tenía para mi en su cajón. Cartas no entregadas y personas que se esfuman después de nunca ser vistas, y todo porque tú has elegido no pararte en mi estación, porque yo no quiero al que me ve pero a ti, qué no te detienes, que no me eliges.


Julio


Te pareces a alguien a quien he querido mucho, pero no logro reconocerte del todo. He dejado de encontrarte. Mi compra ha perdido sentido pues he dejado de buscarte en el mercado, en los ojos de los chicos que al pasar me miran. Es que tú me has dejado de sonreír, me has dejado sin memorias nuevas, ¿cómo perderme, cómo embelesarme con una mirada que está ausente? Que mira hacia otro lado, deliberadamente. He dejado de buscarte los ojos, amor, ¿No me ves despidiéndome? Me vas alejando de a poco, un día de estos ya no me vas a encontrar.


Agosto


Siempre pensé que habría algo más, el amor se me salía por cada poro de la mano cuando te tocaba, y aún así sabia que debía haber algo más... En tus ojos no encontraba el atardecer, pero una niebla muy confusa que me hacía recordar el lugar a donde no quería volver. Estabas ausente, yo pisaba el suelo más que nunca y tú caminabas en otra dirección, yo te seguía, te me ibas acabando de a poco, yo lo veía, te alejabas con los años y los trenes, yo te bebía con la sed de aquel que sabe que queda poco por beber. Llegaste con el caer de las hojas del otoño, una caída premonitoria, anunciada, indulgente, tibia, tibia, tibia, mientras yo me aferraba a las carreteras de tu torso, tú te asfixiabas con mis besos en tu cara. 

Esos tus ojos, que eran depresión, algo conocido para mí, tal vez por eso me eras tan cómodo, así que me quede, a mirar cómo te me ibas, en cada despedida te rogaba la mirada, en silencio que te quedarás y tú deliberadamente caminabas en otra dirección.

Está bien, está bien, que te me acabaras está bien, que te me fueras, está bien... Yo sabía, yo sabía, yo sabía, que nunca te tuve y terminaría yéndome.


- Cuarentena 2020.