lunes, 5 de octubre de 2020

Crónica de una despedida anunciada

Escritos de cuarentena para una musa escueta, insulsa y tibia.


Marzo


En las horas que yo te pienso y tú duermes, que tú sueñas y yo espero pacientemente como cada mes, por la promesa no hecha de poder recorrerte la cara a besos, una vez más, para después dejarte dormir… Yo no duermo, el momento en que te pienso no es instante, en silencio, te siento a un lado mío en la soledad de mi cama, me cobijo entre tu ausencia y el recuerdo que alguna vez, tú brazo me rodeó bajo la sabana, y tú respiración se volvió el ritmo de mi pecho, mi cabeza recargada en ti ha sido el lugar donde podría quedarme y dejarlo todo, y ahí vuelvo, por lo menos, por un momento cada noche.


Abril


Maldita sea a ti siempre se que escribirte, no ha sido difícil encontrar el por qué, estoy impregnada de ti, tu recuerdo en mi conciencia esta plagado de memorias y lugares, fotografías que conservo en mi cartera, mis recuerdos, tantos años de historias que me cuento antes de dormir. Impregnada mi conciencia de carreteras y destinos, despedidas y reencuentros, ciudades, monumentos, museos, memorabilia, tus manos tan grandes y pesadas que con las mías, al estar entrelazadas se vuelven ligeras finalmente, tus dedos me vienen a la mente, tu aroma, el nombre del perfume que siempre me recuerda tu perpetua ausencia, tu sonrisa agridulce que se asoma de vez en cuando, cuando si sonríes… Tu risa molesta, tus palabras cortantes, la ausencia de presencia tan contante en ti, porque aunque estas a un lado, siempre siento que te fuiste a otro lugar, tu conciencia que reprocha, tu pensar permanente, tu carácter mezquino, tu inestabilidad, tus ojos... La profundidad de tus ojos oscuros, las pestañas que los adornan, tus ojitos, como esperando algo, como buscando sin querer mirar, tu torso que siento cuando duermo a tu lado, cuando duermes me das firmeza y estabilidad, cuando despiertas, es otro asunto… El temblar tan tierno y particular de tu voz, un tono que no alcanza a explicar lo que busca o necesita, un grito que no se hace, una petición que se guarda, pero que ahí está, yo sé.


Mayo


Hay días en los que te extraño más que otros, hoy por ejemplo casi choco porque me quede mirando el parque donde paseamos aquel domingo.


Junio


El poeta siempre me habla a mi pero yo no le hablo a nadie, en mi boca nadie se encuentra, en mi escrito nadie se busca, entonces soy irrespetuosa con quien que me ve desde la esquina, a lo lejos, aquel otro que ha cantado que soy la estrella que alumbra su balcón, con derrochada miel a mi oído, se guarda la carta que tenía para mi en su cajón. Cartas no entregadas y personas que se esfuman después de nunca ser vistas, y todo porque tú has elegido no pararte en mi estación, porque yo no quiero al que me ve pero a ti, qué no te detienes, que no me eliges.


Julio


Te pareces a alguien a quien he querido mucho, pero no logro reconocerte del todo. He dejado de encontrarte. Mi compra ha perdido sentido pues he dejado de buscarte en el mercado, en los ojos de los chicos que al pasar me miran. Es que tú me has dejado de sonreír, me has dejado sin memorias nuevas, ¿cómo perderme, cómo embelesarme con una mirada que está ausente? Que mira hacia otro lado, deliberadamente. He dejado de buscarte los ojos, amor, ¿No me ves despidiéndome? Me vas alejando de a poco, un día de estos ya no me vas a encontrar.


Agosto


Siempre pensé que habría algo más, el amor se me salía por cada poro de la mano cuando te tocaba, y aún así sabia que debía haber algo más... En tus ojos no encontraba el atardecer, pero una niebla muy confusa que me hacía recordar el lugar a donde no quería volver. Estabas ausente, yo pisaba el suelo más que nunca y tú caminabas en otra dirección, yo te seguía, te me ibas acabando de a poco, yo lo veía, te alejabas con los años y los trenes, yo te bebía con la sed de aquel que sabe que queda poco por beber. Llegaste con el caer de las hojas del otoño, una caída premonitoria, anunciada, indulgente, tibia, tibia, tibia, mientras yo me aferraba a las carreteras de tu torso, tú te asfixiabas con mis besos en tu cara. 

Esos tus ojos, que eran depresión, algo conocido para mí, tal vez por eso me eras tan cómodo, así que me quede, a mirar cómo te me ibas, en cada despedida te rogaba la mirada, en silencio que te quedarás y tú deliberadamente caminabas en otra dirección.

Está bien, está bien, que te me acabaras está bien, que te me fueras, está bien... Yo sabía, yo sabía, yo sabía, que nunca te tuve y terminaría yéndome.


- Cuarentena 2020.

No hay comentarios:

Publicar un comentario